domingo, 6 de julio de 2008

Entrada doble: fin de semana en Kyoto

El sábado fue un día bastante denso, así que no pude añadir la entrada. ¡Ya habéis podido ver que la agenda es apretada! Preparáos porque es LAAAAAAARGA.

Quedamos para salir a las 10 desde el hotel, en dirección hacia Fushimi Inari. ¿Y qué es Fushimi Inari? Es un santuario conocido por poseer cientos, si no miles de tooris. Si te pones a contarlos te pierdes. Los tooris representan el paso del mundo terrenal al mundo trascendente.

Quedamos con Kuni y Yuri en el mismo hotel, Miho se nos uniría en la estación de tren. Tomamos el metro-tren hasta allí (es como el topo, dentro de la ciudad va bajo tierra, luego ya sube a la superficie). Lo primero es mirar lo que te cuesta el billete hasta tu destino (según distancia varía), y luego atiendes a las máquinas. Te venden el ticket automáticamente; metes el importe (da cambios) y seleccionas el ticket que quieres. Algunas máquinas tienen una pantallita un tanto cutre en la que aparecen unos dibujos de una señorita inclinándose y agradeciéndote que compraras el billete. Pues eso, lo mismo que en muchos sitios esto de la venta del billete, con los giros característicos que encuentras por Japón.

Miho nos vio enseguida, y juntos tomamos el tren hacia Fushimi Inari.



¡Ya estamos todos!

Desde la estación, tenemos que recorrer unas callejuelas hasta el santuario. Hay mucho souvenir y puestos con comida. Los souvenirs más propios de la zona son tooris de diferentes tamaños y zorros (kitsune, que son aquí y en muchos sitios de Japón motivo de veneración). Con el Festival de Gion al caer, también abundan los manekineko y los daruma, que ya comenté en la entrada anterior.



Un puesto de comida, entre muchos.



El sábado, algunos colegiales tienen clase, pero otros tienen suerte y se vienen a ver el santuario.



El sol estaba casi vertical. ¡Mirad lo corta que es mi sombra!



Antes de entrar, ¡a purificarse! En casi todos los templos lo encuentras. Hay carteles explicativos de cómo hay que proceder con los cazos y el agua.



Y aquí la entrada al santuario. Imponente, con zorros custodiándola. Dentro hay muchos más.

Una vez dentro hemos podido ver algunos rituales de exorcismo y purificación, que tras consultar con Kuni he decidido no fotografiar por respeto. Pero era curioso ver la danza de una mujer al son de unos tambores y una flauta. Sostenía una especie de cascabel múltiple en la mano, que hacía sonar de vez en cuando, siempre en consonancia con la música, de ritmo pausado. Nos hemos quedado un buen rato observándolo, pues el evento envolvía todo con una atmósfera mística hipnotizante.

Adentrándonos en el santuario, hemos llegado a la zona de los muchísimos tooris seguidos. Se introducían de lleno en el bosque, lo que era genial pues bajaba la temperatura muchísimo y se estaba a gusto.



Entrada a la zona. Las "vallas" con cinta roja y blanca no es que estuvieran de obras (que sí que estaba reformándose un edificio, pero no tiene nada que ver), sino que durante el Festival de Gion lo usan para colgar luces e iluminar durante la noche. Comentamos que sería mejor un color más discreto, pero bueno, como sabéis aquí no es que haya mucha sobriedad en el diseño. Aunque no sigo, porque para gustos, los colores.

El camino lleva hasta casi lo alto de una montaña, y en algunos sitios hay muchos toori juntos.



Más kitsune. Todos los de este templo tienen una mirada fiera.



Túnel de toori.

A media altura había una zona de (más) souvenirs. Y entre eso, había uno de esos objetos cargados de superstición que se encuentran en Japón. Muchísimos souvenirs son como amuletos para conseguir deseos del tipo salud, seguridad, riqueza etc. Este objeto era algo parecido:



Como nos han explicado los asistentes, se supone que debes formular un deseo y levantar la piedra con forma de huevo. Si te parece ligera, ese deseo se cumplirá, si no, te fastidias. Así que ya estáis haciendo pesas antes de venir aquí. Personalmente, me pareció ligera, ¿será que estoy fuerte o que se cumplirá mi deseo? El tiempo lo dirá.

Seguimos hacia adelante. Entramos en una zona que parece casi abandonada, porque en medio del bosque hay pequeños altares. No sé si dije en su momento que los bichos aquí son grandes... vimos una avispa inmensa, ¡nunca había visto algo semejante! Diría que era casi como un dedo gordo. Huímos del bicho como pudimos. Supongo que sólo estaba curioseando, pero imponía... ¡y mucho!



Altares del bosque.

Enseguida llegamos a otra zona de souvenirs, frente a un estanque lleno de carpas, zapateros y alguna que otra tortuga pequeña.



Aquí ya decidimos que teníamos que darnos la vuelta, pues se nos hacía tarde para la siguiente visita, y había que comer antes. Me hubiera gustado ir hasta arriba. Compramos una botella de algún bebedizo en la máquina expendedora y nos volvimos abajo. Por cierto, aquí era especialmente cara la bebida, por eso del lugar.

Una vez abajo, comimos en frente de la estación de tren. Tardaron un poquito en servir, pero el plato de spaghetti que pedimos unos cuantos nos sentó de maravilla. ¡Con cuchara y tenedor! Había que dar ejemplo de como se usan estas cosas, así que con mucha delicadeza usamos ambos cubiertos para enrollar la pasta.

La siguiente parada, el Kiyomizu-dera, del que ya hablé en una de mis primeras entradas. De camino tuvimos que parar un momento en un puesto con granizados y refrigerios varios, porque el calor apretaba. Probamos una especie de hielo picado sobre el que se echaba un sirope de sabor. Probamos el de té verde y fresa. El primero estaba rico, aunque el segundo era demasiado dulce (como ya dije, si en Japón algo es dulce, es MUY dulce). Además, aprovechar el aire acondicionado no tiene precio.



Ya allí, vimos que estaba plagado de gente, aunque conseguí una instantánea con muy poca gente, no sé ni como:



Aquí ya no había bosque de por medio, sólo alrededor, así que la temperatura era muy cálida. Hay muchos pabellones. El principal está sobre unos andamios de madera antiguos, pero gruesos y resistentes (más les vale).

Las fotos que he sacado de cara al este no merecen mucho la pena, porque el sol se las carga. La única foto pasable hacia el este sería esta en la que se ve un poco la ciudad detrás del bosque:


Tal vez podáis ver la Torre de Kyoto, que está junto a la estación de tren.

Bajando junto a los andamios, llegamos a otro lugar donde purificarse:



Había una buena cola.

Ya de aquí salimos del complejo, hacia las calles que lo rodean. Llenas de gente, de tiendas de souvenirs y de puestos de comida. Es la tónica de estas zonas turísticas. Nos paramos en un puesto de helados y otras cosas, donde Miho y Yuri pidieron un helado de Soja. Un sabor curioso. Miho tuvo la feliz idea de salir fuera, con lo que el helado empezó a derretírsele ipso facto y tuvo que pelearse con él un rato hasta terminarlo.

Las calles estaban abarrotadas:



En muchos sitios ponen a la entrada una representación de la comida que encontrarás dentro. Supongo que son de plástico, pero están muy conseguidos y son fieles al producto. ¡A los que no dominamos el japonés nos viene genial a la hora de elegir el plato! Muchas cartas tienen imágenes, cosa que agradezco mucho.

Bajando, vimos unas geishas (falsas) en un carro, tirado por un tío. ¡Vaya hacha! Con el calor que hacía y tirando carros. Desde aquí mi más sincero reconocimiento. No tengo yo la foto porque mi móvil no tiene zoom (no era plan acercarse a 2 metros). Pero saqué alguna imagen yo mismo con otra cámara (con zoom), sólo tengo que pedírselas a un compañero. Se fueron enseguida, así que una foto ya fue bastante.

Y casi abajo, al volver a la zona urbana de Kyoto... ¡un guardia civil!



¿Os he asustado? Ya me ha pasado más de una vez, que me he sorprendido por el color del uniforme que llevan. De lejos dan el pego. Los funcionarios que se ven en Kyoto llevan indumentarias muy variadas, aún no sé cuál es la función de cada uno. Lo que sí he visto es que la mayoría son gente mayor, en el límite de edad de trabajo. Supongo que tiene que ver con el respeto que se tiene a la gente de edad avanzada.

De vuelta a la zona urbana de Kyoto, teníamos que volver al hotel. Ya va siendo hora de lavar la ropa, que con lo que se suda aquí, las camisetas no duran ni dos días. No muy lejos del hotel hay una lavandería que funciona con monedas, así que fuimos ahí.

Las mismas lavadoras te lavan y te secan. 1000 yenes es el programa completo a tope de carga (hay opción de menos carga, que cuestan 900 y 800 yenes). Además existe la opción de sólo lavar o sólo secar.

Mientras se lavaban las cosas, hemos ido a cenar. Queríamos ir cerca del hotel, para volver en cuanto terminara la lavadora, pero Kuni quería que fuéramos con él a ver a un amigo en la zona centro, donde iríamos a cenar. Cuando ya estamos a poco de llegar, el amigo dice que tiene que irse, así que nos hemos acercado al centro para nada. Al menos, el sitio al que nos ha llevado Kuni estaba muy bien.

Hemos cenado rápidamente y hemos vuelto a la lavandería (algunos estaban nerviosos con eso de que estaba la ropa ahí sola). Eran casi las 11, la última hora de autobuses. De chiripa hemos pillado el último y hemos llegado hasta las lavadoras. La ropa sana y salva, por supuesto.

Aunque personalmente no me ha gustado nada el resultado. El secado ha sido deficiente, y lo que es peor, mis camisetas huelen a sudor como si no se hubieran lavado. Voy a tener que dejarlas en el hotel, aunque me cueste más, o aventurarme con otra lavandería, ya veremos.

Es sábado, tocaba irse por ahí. Rosario (una de nuestras compañeras de Salamanca), esperaba a un amigo suyo, Takao. Él ha sido el encargado de guiarnos por Kyoto.

Hemos tomado un taxi hasta el centro, lo que nos ha costado unos 1300 yenes en total. No es carísimo, si vamos varios, claro.

Hemos entrado a una zona de juegos. ¡Menudo sitio! Teníamos de todo: bolos, billar, dardos, recreativas, karaoke y más cosas.

Lo primero ha sido echar unos bolos. ¡Tenía ganas, hacía tiempo que no jugaba! Con alguna que otra cerveza encima, mi nivel ha sido más bien mediocre, pero nos lo hemos pasado muy bien. Takao es un fenómeno y ha superado los 200 puntos en la segunda partida.



Ha sido curioso cómo en cierto momento (no miré la hora, pero tal vez eran casi las 2), uno de los dependientes del lugar, ha cambiado las luces, en plan discoteca, ha puesto música rollo tecno cañero y se ha puesto a decir un montón de cosas he entendido a medias. Creo que quería conseguir que todas las calles de bolos tiraran a la vez, o eso me ha parecido.



¡Uh! ¿De verdad esto es una bolera?

En cuanto hemos hecho esa tirada múltiple, todo ha vuelto a la normalidad. ¡Ha sido como un lapsus de 3 minutos!

Después, nos ha dado por diversificar. La mayoría se ha decantado por los dardos, mientras que a Miguel y a mí nos ha dado por el billar. No sé si era por el cansancio, la cerveza o simplemente por ser unos paquetes, ¡pero nos ha costado hacer las dos partidas una eternidad!



Pero en serio, Miguel es un profesional en esto del billar.

Mirad, contemplad la recreativa que hemos encontrado: ¡una de tambores! Es como el Guitar Hero pero con tambores ¿Y sabéis qué canciones tenía? ¡Muchas de anime japonés!



Tengo los vídeos de la partida entre Efra y Miguel. Suenan las canciones de Cha-la-Head-Cha-la (Dragon Ball Z), la primera intro de Doraemon, y la última intro de One Piece. Por 100 yenes echabas 3 partidas, ¡un lujo!

Si queréis los vídeos me comentáis y os los envío sin falta.

Para terminar, hemos ido a una máquina muy japonesa. ¡Una fotomatón gigante con editor de fotografías! En todo momento, sonaba una musiquita electrónica cañera, y una voz chillona de estas que ponen las chicas para estas cosas, dándote indicaciones. Hemos pasado muy buen rato sacándonos algunas fotos de grupo poniendo caretos graciosos, y luego editándolas para quitarnos lo poco de dignidad que nos pudiera quedar.



¿Qué hay dentro?



¡Esto!



Editando las fotos, ¡hay muchas opciones!

Hemos explorado un momentín las salas que había por ahí: no sólo había karaoke, sino que también había salas con teles grandes para ver pelis (como hacerlo en tu casa) y mesas con juegos raros de compatibilidad entre parejas y cosas de esas.

Y sin darnos cuenta, se nos ha hecho de día. A las 5 ya casi se veían los rayos de sol:





Las calles están casi vacías, ¡algo insólito! Eso sí, los taxis no paran.

Estábamos con hambre, así que nos ha dado por tomar un desayuno... ¡en un McDonald's! Resulta que aquí abren 24h. No es que tuvieran mucho surtido, pero el zumo de naranja y el pastel de manzana nos ha sentado la mar de bien (aunque el aceite estaba recicladísimo, porque el pastel sabía a patata por fuera).

Los autobuses no empezaban hasta las 7, así que para volver al hotel nos hemos ido al tren, que sale más barato que el taxi (150 yenes). Hemos vuelto con muchas ganas de echarnos a descansar.

El domingo ha empezado para nosotros a las 14:30, cuando hemos salido a comer cerquita una de esas bandejas con un poco de todo:



No hemos perdido mucho tiempo comiendo, porque queríamos visitar el templo Sanjusangendo (y este tipo de sitios cierran a las 17h). De hecho, hemos llegado con muy poco tiempo para verlo. No dejaban hacer fotos del interior, pero bueno, aunque sea os remito a una imagen de la wikipedia para haceros una idea:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/c/ca/Sanjusangendo_statues_kyoto.JPG

Que quede claro que esta foto no la he hecho yo.

Había muchísimas estatuas de Kannon (1000), todas con el mismo esquema: muchos brazos, en posición de meditación... pero no eran réplicas: la cara, la orientación de los brazos etc. cambiaba ligeramente. Delante de ellos había estatuas de deidades budistas. ¡Daba la sensación de que iban a moverse de un momento a otro! Muchas tenían expresión fiera, al contrario que los Kannon. En el centro del recinto había una estatua grande de buda, flanqueado por otras deidades armadas. De verdad, nos hubiera gustado poder estar más tiempo aquí, pero a las 17h han hecho sonar un bong varias veces en señal de que cerraban. Me gustaría volver y leer todas las explicaciones, pero la entrada era de las más caras que he visto hasta ahora (600 yenes).

De ahí, hemos salido hacia la estación de tren de Kyoto, uno de los edificios más modernos de la ciudad. Parece casi un aeropuerto. De hecho, es más grande que muchos aeropuertos. En la entrada nos encontramos con Atom (Astro boy). Resulta que están con algún tipo de exposición de personajes de manga de Kyoto:





Esto es grande.



¡Y alto!



Aunque en frente hay algo más alto.



Pero nosotros tenemos jardín en la cima. Happy terrace la llaman.

Entretanto, Kuni se ha acercado y nos ha guiado a un megastore de electrónica. Con lo tarde que es y nos llevan a este sitio ahora. ¡Podríamos estar aquí años! Efra ha ido a mirar precios de los diccionarios electrónicos. Ya los hemos usado y hemos visto que son muy prácticos.



¡No os perdáis!

Televisiones, cámaras, videojuegos y demás trastos alimentados por electricidad, ¡venid a mí! El repertorio era variadísimo. Kuni se ha entretenido tocando alguno de los pianos que había. Nosotros hemos estado embobados un largo rato con los videojuegos y DVDs de anime que había por ahí. Los DVDs eran caros, la verdad, aunque los juegos de la Wii por ejemplo eran baratos, menos de 7000 yenes la mayoría. Lo mismo ocurría con los de la Play. Los de la XBox360 eran más carillos, rondando los 8000.

Había más cachivaches para las consolas como no había visto nunca. Había consolas viejas de exposición, las míticas Famicom y Superfamicom, entre otras.



Las ranas alienígenas que vienen a invadirnos en DVD.



La colección definitiva de Dragon Ball.



Un poster enmarcado de Dragon Ball y One Piece. Ya me gustaría tenerlo.

Tengo muchas más fotos de esto, un vídeo también. Miguel también tiene, a ver si le pregunto la dirección de su blog que él también hace algo como esto.

Se nos ha pasado el tiempo volando. Hemos salido y nos hemos encontrado que era de noche. Y claro, cambia el panorama:



Antes de volver al hotel, nos hemos acercado al hall donde estaban las figuras del anime de Kyoto. Estaba casi todo cerrado, pero mi foto con Atom no me la quita nadie:





Mirad lo que ha dado de sí el anime de esta ciudad. Es antiguo, pero ha creado precedente, ¿o no?

Al salir de aquí, hemos tomado rápidamente el bus que nos llevaba de vuelta al hotel. ¡Apenas hemos podido despedirnos de Kuni! ごめんなさい、くにさん! ¡Perdona, Kuni!

Como no habíamos descansado mucho, nos ha dado por quedarnos en la habitación a picar algo antes de dormir. Ya va siendo hora de despedir este fin de semana, que ha cundido bastante, ¿verdad?

¡Hasta la próxima! Que tengáis un buen comienzo de semana.

viernes, 4 de julio de 2008

Un poco de todo en el mismo día

El día de hoy ha sido variado, ¡no nos hemos aburrido!

Como ayer, empezamos con clases. Hemos cambiado de profesor otra vez. Hoy es una mujer que se apellida Uchida (no nos ha dicho el nombre). Es un poco mayor que los demás profesores, y tiene el aspecto de una abuela joven, pero entrañable.

Igual que la profesora de ayer, Kawano, nos ha hablado despacio y claro de forma que se entendiera. La clase ha sido menos densa que ayer, pero la verdad que hemos aprendido cosas importantes a la hora de manejar verbos. Ya lo he utilizado varias veces hoy mismo, en conversación normal.

Nos ha dado para probar unos dulces con sabor a uva. Era demasiado dulce para mí, como la mayoría de cosas dulces que me he encontrado por aquí desde que he llegado. Creo que los llamaban budou (uva en japonés) De todas formas lo comen los niños, a los demás creo que no os gustaría.

Además nos ha enseñado cosillas que se usan durante el Festival de Gion: los Manekinekos, que son gatos de la suerte (se venden en Japón en general, no sólo en Kyoto, pero el Festival de Gion es un buen momento para comprarlos/venderlos). Uno lo tenían para mantener a los familiares cerca y el otro para no perder los amigos.

El otro objeto era una cabeza con un nombre raro (Daruma -> ¡Gracias Kawai!), y si os fijáis no tiene los ojos pintados. Había que pedirle un deseo, y si se cumplía le tenías que pintar el ojo, o eso he entendido. Aquí los tenéis. La profesora además sostenía un rascador de espalda extensible, ¡muy práctico!

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Después de eso... ¡a comer otra vez en la uni! Hoy no tenía mucha hambre... tengo que desayunar menos, porque llego a las 12 sin ninguna gana de comer. Al menos así he comido barato, menos de 500 yenes. ¡Ah! Antes de eso he podido conocer en persona al que me va a acoger en su familia. Muy majo, ¡y parece le gusta mucho la fiesta! Ya nos enseñará los lugares de salir por la zona. Ha venido con una chica muy maja que estudia algo de español. Les gusta mucho practicar con gente de fuera los idiomas que aprenden. Yo no he tenido esa suerte, ¡jajaja!

Después de comer... ¡por fin nos hemos ido a una tienda de kendo! Miho conocía a unas chicas que practicaban kendo y conocían la tienda. Al final estaba muuuuuy lejos de donde me dijeron la primera vez, y la verdad que en autobús no está muy lejos del hotel.

Resulta que la tienda era Tozando. Supongo que los mismos que venden por internet.

He hecho muchas fotos de la tienda, como ocupan mucho aquí mejor os pongo los links:

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Si os gusta algo no tenéis más que pedirlo, aunque mejor que sean pequeños por eso del transporte, ya lo siento. Por mi parte, he comprado una hakama (algo así como un pantalón ancho) nueva y un dogi (chaqueta) de tejido fino para días calurosos. He aprovechado también para comprar un tenugui (trapo que se usa para la cabeza y que absorba el sudor) y una tsuba sencilla pero bonita (es un aro que se coloca en la parte superior del agarre de la "espada", que funciona como guardamanos).

Era muy curioso verles arreglar partes de la armadura, en directo. Estaban a base de martillazo y aguja, todo el rato. ¡Ya me gustaría aprender a mí también!

Efra también se ha pillado algo de kendo y aikido. en sólo 15 minutos nos han cosido los nombres en las prendas que hemos elegido, en diferentes colores como se puede ver en una de las imágenes. ¿El naranja sobre el fondo azul quedaba bien verdad?

No sólo eso, he grabado un vídeo en la tienda, aunque alguna de las chicas ha andado merodeando y diciendo algo en ¿castellano? ¡Parece italiano! Dice ti amo... ¿seguro que estudia español? Bueno, no importa porque es muy maja.



Después de eso, el calor apretaba, y mucho. Bueno, como casi todos estos días. No hago más que quejarme del calor, ¡pero de verdad es excesivo!

Hemos vuelto al hotel para... ¡darnos una buena ducha y arreglarnos para la fiesta! Los de la universidad han montado una minifiesta para los estudiantes de intercambio y los asistentes. Los que veníamos de fuera nos hemos arreglado lo justo, camisa y poco más. Los japoneses se han arreglado bastante más, con corbata y toda la pesca. Las chicas, como llevan vestidos más ligeros, se han arreglado mucho mejor.

Antes de entrar en la cafetería Libre (la misma donde comemos normalmente), nos han enviado a una especie de salones donde si traíamos ropa nos podíamos cambiar. No era nuestro caso, pero como hacía fresquito porque estaban con el "eakon" (aire acondicionado) a tope, nos hemos quedado hasta que nos han llamado. En la sala hemos sacado una buena foto, ¡parece de portada de disco!

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De izquierda a derecha, son Miguel (de Salamanca), yo y dos estudiantes mexicanos con los que hemos hecho buenas migas.

En cuanto nos han llamado hemos bajado. ¡Qué gracia! Había hasta cámaras de televisión grabando el evento, acercando el micro por arriba a cada grupo de conversación. A cada uno de nosotros nos han dado una tarjeta para colgarla en el cuello. Ahí tenías que escribir tu nombre, para que te reconocieran (en japonés y en tu idioma). Me ha entrado complejo de mascota durante un momento, pero bueno, todo sea por conocernos mejor.

Ha sido una fiesta muy tranquila la verdad. Es lo que tiene estar en el campus. Han traído comida un poco justa, más de uno se ha quedado sin postre. Aunque la comida era variada: había trozos de pizza, unagi (sí Genji, ¡lo he probado! es dulce, en España le pones una salsa de vainilla y lo podrías servir como postre), sushi con o sin alga, rollitos vietnamitas, yakisoba, takoyaki (una especie de bolas de pulpo rebozadas, muy ricas y típicas de Osaka), salchichas... y se me olvidan cosas. Si reconocéis algo en las fotos me decís.

No hay fotos apenas, porque como después de sacar estas de la comida han apagado las luces ya no podía, no tengo flash en la cámara del móvil... después de lo de

La cerveza se ha acabado pronto, pero Andrew, uno de los australianos, ha conseguido una botella de cerveza Asahi no se sabe cómo. ¡Bien por él! Una pena que no hubiera cerveza Suntory. La probé el martes y me encantó, ¡os la recomiendo!

En la fiesta han montado un espectáculo de un malabarista o algo así. Sinceramente no le he hecho mucho caso. Se le han caído un par de veces los cacharros, tendría un mal día. Luego una chica ha empezado a cantar versiones de canciones variadas. No sé si tenía el micrófono mal o qué, ¡pero parecía que gritaba todo el tiempo!

Así que he decidido pasar de esos actos y centrarme en pasar un rato a gusto con la gente. ¡Las japonesas nos pedían fotos todo el rato! Nosotros, como unos caballeros, a posar, ¡jajaja! Muchísimas aprenden español, ¡todas quieren hablarnos!

Y no sólo nos hacíamos fotos entre nosotros. Los de la gaceta universitaria estaban todo el rato fotofotofotofotofotofoto. ¡Qué saturación de flashes!

Ya a las 21:00 nos han echado lo que se dice a patadas de la Libre. Hombre, no quedaba ni comida ni bebida, pero al menos se estaba fresquito. Nos hemos quedado un buen rato fuera de cháchara, mientras acotábamos los planes de mañana. Visitaremos dos templos por lo menos: Fushimi y Kiyomizu-dera. ¡Desde tempranito a moverse y a aprovechar el día!

jueves, 3 de julio de 2008

Hoy no hay visita

Poco a poco, vamos metiéndonos más en el ambiente. Llevamos sólo 5 días, ¡pero parece que llevemos una eternidad aquí! Eso es que estamos aprovechando los días. El día de hoy ha sido más de trabajo que de diversión, así que hay poca foto.

Y efectivamente, tocaba volver a clase. Hemos cambiado tanto de aula como de profesor. Nuestra profesora de hoy se llama Kawano. Es una mujer muy dulce y habla de forma que se le entiende de maravilla, nada que ver con Hiroshi, el profesor del martes.

En clase, hemos dado un rápido repaso a la forma de tratar de los adjetivos, mientras describíamos la excursión de ayer a Nara. Al parecer les gusta preguntar sobre nuestras experiencias. Es una buena forma de practicar también.

Además de eso, hemos empezado a utilizar oraciones más complejas con varios verbos. Bastante difícil para mi nivel, pero como la profesora habla muy claro la verdad es que se hace más llevadero.

Las clases han sido densas, pero lo cierto es que hacía falta un poco de caña para mejorar el nivel de idioma. Mañana cambiaremos otra vez de profesor, ¡a ver qué tal es!

Después de clase, hemos ido a comer de nuevo a la misma cafetería de la universidad. Nos gusta la Cafetería Libre, tiene comida de varios sitios: china, con curry, japonesa, americana, italiana etc. Así cada día cambias un poco y no te cansas. Por mi parte, hoy he tomado un primer plato chino (una ensalada de pasta con una gamba, tomate, pepino y huevo hilado), y de segundo un plato de arroz al curry con una especie de algo empanado, que parecía una croqueta plana cortada en tres. De postre una rodaja de pomelo y unas natillas de chocolate (aquí las beben, les ha hecho gracia que yo usara la cuchara). Las japonesas que comieron delante de mí (las dos Miki con las que cenamos ayer) se sorprendieron que comiera tanto. Pues vaya, si esto es comer tanto... ¡a ver qué pasa cuando vengan a un asador de los que hay por el norte!

Hemos tenido que comer rápidamente, porque ya a la 1 tocaba una segunda sesión de instrucción. No era de idioma, sino de una clase de orientación tipo concienciación de lo que uno se puede encontrar en nuestra estancia con la familia. Un profesor muy majo, Smith, canadiense, nos ha estado contando sus experiencias y ha hecho unos ejercicios muy interesantes:

Nos ha dividido en grupos heterogéneos para comentar nuestros diferentes puntos de vista sobre las estancias en una familia de cultura diferente. La verdad es que con la simple charla entre todos nos ha hecho aprender mucho unos de otros. Además, para procurar que no nos fuéramos por las ramas, cambiamos de grupo varias veces. Cada vez teníamos que tratar diferentes aspectos del tema. Cada vez que rotábamos, algunos salían delante para opinar sobre lo que nos preguntaba Smith. A mí me ha tocado salir la última vez, ya para despedir el evento y opinar sobre la actividad llevada a cabo. La verdad es que me ha encantado, nos hemos enterado de bastantes cosas y no sólo de japoneses. Eso está muy bien a la hora de abrir la mente.

Además, he podido hablar con Thomas Worker, que resulta que es un chaval que está en la misma familia que yo aquí. ¡Resulta que esta familia va a acoger a dos estudiantes! Vamos a estar 8 personas, según me ha comentado el propio Kuni en el MSN (así se llama el chico que me va a acoger). A ver cómo nos apañamos.

Después de esto, teníamos un par de horas hasta hacer kendo. Como al final iré a comprar la ropa de kendo mañana (sí, esta vez sí), he ido a una tienda de segunda mano para conseguir algo con lo que hacer kendo sin importar que se quede sudado. Por 1400 yenes he conseguido un pantalón corto blanco y una camiseta gris, que me da más que de sobra. ¡Había un montón de cosas en un estado perfecto!

De hecho, mirad lo que he encontrado:



Esta consola casi es de coleccionista, ¡y por 1290 yenes te la llevas! Estaba impecable. Si la compro con el tiempo ganará valor, estoy seguro.

Te podías encontrar vaqueros muy bien cuidados por menos de 1000 yenes, estoy pensando en pillar alguno... había hasta la chaqueta y pantalón de un traje por unos 10000 yenes.

Después, como había tiempo hasta las 17:30, he vuelto a la habitación a hacer parte de unos deberes que hay que hacer para mañana (una redacción sobre nuestro viaje a Nara) y he iniciado esta misma entrada del blog, para adelantar un poco.

Enseguida he tenido que tomar el bus para ir a la universidad. Tienen al lado la zona deportiva, y es ahí donde se hace kendo. Al llegar allí ya estaban la mayoría preparados, aunque hemos empezado a las 17:30 exactas. Algunos senpai (alumnos más antiguos que uno mismo) me han pedido que hiciera un poco de traductor para los angloparlantes, para explicar algunos conceptos. Espero haberlo hecho bien. También se han interesado por el kendo que hacemos en España, si van maestros japoneses allí y demás cosas.

En cuanto a nuestra clase de kendo, la verdad es que hoy los senpai estaban un poco perdidos, no sabían muy bien qué ejercicios proponer. Los 10 primeros minutos hemos estado haciendo algunos ejercicios sin mucho fundamento, y no ha habido un calentamiento propiamente dicho. Tampoco habría hecho falta porque hoy también hacía un calor horrible y tremendamente húmedo. Así que antes de hacer nada ya estaba la camiseta sudada. Bueno, para eso la había comprado, ¿no?

No hemos avanzado técnicamente mucho desde el primer día, así que hemos trabajado lo mismo más o menos. Es lo que toca. Cuando ha venido el mismo chico que dirigió la clase el otro día, los ejercicios han sido más interesantes. Cuenta mucho la imaginación a la hora de proponer cosas para hacer.

Hoy no me he podido quedar a ver su entrenamiento, pero he podido preguntarles qué es eso que dicen cuando chocaban los puños entre los que están en la cola. Dicen "faito", fight en inglés (hay muchas palabras inglesas japonizadas, y el silabario katakana casi siempre tiene palabras de este tipo -> por eso es muy útil dominarlo cuanto antes si sabes inglés). El sentido de faito no es el de enviar a la lucha, sino de mantener el espíritu fuerte entre los compañeros, según me ha explicado el senpai.

Al terminar la clase, les he sacado una foto mientras estaban de charla, para que veáis un poco el dojo. Está sacada desde la puerta:



¡Ah! Resulta que el que lleva las clases de los japoneses (la verdadera clase de kendo, digamos), ¡realmente tiene 21 años! Confirmado (en la foto es el de la derecha en primer plano, ya siento el desenfoque, pero la he tomado de improviso, intentaré tomar una mejor). Es un shock. Diría que tiene la masa muscular de alguien de 40, por eso me equivoqué. Además, como los japoneses tienden a tener menos barba y menos pérdida de pelo, me resulta difícil decir la edad. En fin, que he pedido al senpai perdón por semejante desliz. Me ha dicho que daba igual, pero yo sigo en mi estado de trauma profundo. ¡He dicho que tiene casi el doble de edad!

La próxima vez podré ir con hakama y dogi, ya me han dicho que puedo utilizar los vestuarios. Al menos iré más presentable, como tiene que ser. Lo malo es que hasta el martes siguiente nada, ¡me da mucha rabia!

Al salir del dojo, hemos ido los ingleses, australianos y un servidor al hotel, a darnos una buena ducha porque estábamos empapados. Efra se ha quedado viendo el entrenamiento de los de kendo de nuevo, ¡ya nos contará qué han hecho hoy!

Las otras compañeras han empezado con el ikebana, o arreglos florales. A ver si les pillo en un momento para que nos comenten cómo funciona eso.

Al poco rato de salir se ha puesto a llover bastante. Espero que refresque, la calle es como un horno. Al menos, los interiores tienen buena temperatura, algunos se quejan del aire acondicionado, ¡pero para mí es una salvación!

Por lo pronto, nada más por aquí. A ver qué nos depara el día de mañana, todavía tengo que terminar los deberes que nos han puesto.

miércoles, 2 de julio de 2008

Hoy visitamos Nara

Tal y como estaba programado en la agenda, hoy tocaba visitar Nara. ¿Y qué es Nara? Bueno, en breve, Nara fue la capital de Japón durante parte del siglo VIII, y es una población de tamaño medio, algo así como dos veces San Sebastián.

Quedamos bastante pronto, a las 9:00 teníamos que estar ya moviéndonos hacia Nara desde la Universidad, en autobús. Hemos tenido que esperar a algún rezagado, pero hemos salido bien de tiempo.

¡Vamos a Nara!



Durante el viaje, de nuevo el orientador jefe, Shichijo, nos ha explicado con su espléndida voz de locutor y su estilo formal en qué va a consistir el día (de verdad, un día de estos voy a grabarle, tendría que estar en la radio). ¿Y sabéis qué he visto al ir hacia Nara? ¡El edificio de Nintendo! Una pena no haber parado un rato, pero ni siquiera sé si tienen algún museo o algo, ¡ya podrían tener!

Volviendo al tema: lo primero ha sido ir directamente al Toudai-ji, o Gran Templo del Este. Es un complejo de templos budistas, rodeado de jardines (cómo no). Lo más llamativo es que había un montón de ciervos en todas partes, y se mostraban muy cariñosos si tenías alguna galleta para ofrecerles. Si no, te olisqueaban un rato y pasaban de ti, típico de estos bichos. En la foto tenemos a Efra amansando a las fieras:



Por ahí también te encontrabas a monjes novicios que por algunos yenes posaban para ti en fotos. Llevaban esos sombreros de ¿paja? con forma cónica. No me hubiera importado llevar uno yo también, ¡porque hacía un calor de narices!



Adentrándonos en el complejo, que tenía un estanque con carpas y todo (sacando la boca como pidiendo comida, ¡estos también igual!), llegamos a la zona principal. Sorprende lo grande del edificio que nos encontramos. Puede que en la foto no se notase, pero en directo daba impresión de ser enorme.



A la entrada había una especie de pila con arena y palillos de incienso clavados, que desprendían humo. Al parecer, la gente se acerca el humo a la cara como para purificarse. Aquí tenemos a un par de nuestras asistentas japonesas en pleno proceso de purificación, Yuki es la de la derecha (la de la izquierda no me acuerdo porque hoy es la primera vez que le veo y entre presentaciones que se hacen a diario se me van los nombres):



Nada más entrar, nos hemos encontrado con un Buda bien grande:



Ocupaba la zona central del edificio. De noche, se ilumina el interior, y desde fuera puede verse la cara del Buda a través de una abertura en la fachada. Queda muy curioso, y como había una postal de eso, me la he comprado (50 yenes, parece que cuestan eso casi todas las de tamaño normal). Además, puedes colocar un par de sellos de tinta en la postal, uno del Buda y otro del templo, que quedan bonitos. A uno de los compañeros ingleses se le ha ocurrido la feliz idea de ponérselos en la piel como un tatuaje. A ver cuándo se le borran.

En el mismo recinto, el Buda gigante compartía piso con otras figuras más pequeñas, pero todas de más de 3 metros. ¡No está mal! Además, había tienda de souvenirs. He comprado algún regalo interesante para mis sobrinos, además de la postal. ¡Espero que les guste!

Después de eso, hemos ido al centro de Nara, no sin antes tomar un refrigerio porque el calor apretaba.

En el centro, hemos ido a una calle comercial de esas con tejabana. ¡Parece que eso algo normal por aquí, porque todas las calles comerciales tienen el mismo planteamiento! Pero ésta era más pequeña que las de Kyoto. Al salir de la calle, hemos ido a un restaurante... ¡al que se entraba a través de una tienda de ropa para mujer! Si no me dicen que existe, nunca me habría dado cuenta de que estaba ahí.

Al parecer, era uno de esos sitios de "buffet come todo lo que quieras". Bueno, tenía truco porque no teníamos mucho tiempo para comer. En cualquier caso, hemos probado casi todo: sopa de miso, tenpura, arroz, salchichas, una especie de tortilla fina, una especie de croquetas, una especie de... ¡ah! cuidado con la mostaza japonesa, ¡es casi peor que el wasabi! Los que me conocen sabrán que el picante no me afecta mucho... pero esto me ha puesto la cara un poco colorada. Supongo que ayudó el que pensara que era mostaza normal y tomara un montón de un bocado, pero de todas formas os aseguro que era picante a la altura del wasabi.



De postre, teníamos algunas gelatinas un poco raras (¡una sabía a pipa de girasol!), y en una taza... ¡gelatina de café!

Nada más terminar, nos fuimos a hacer la segunda visita en Nara, al Horyu-ji. Es otro templo budista. Al parecer, guardan algunos tesoros nacionales, que no dejan bajo ningún concepto que los fotografiemos. Pero sí hemos podido tomar fotos de algunos jardines y edificios muy curiosos:



Este dragoncillo echa agua para purificarnos usando esos cazos. ¡La técnica es muy curiosa! No se debe tocar el cazo con las manos en ningún momento:



Un edificio de la sala principal, con Shichijo que se me ha colado delante, y Efra perdido atrás a la izquierda:


Aquí estamos los compañeros mexicanos, japoneses y un servidor:




He pasado un largo rato dentro de la galería de tesoros y objetos culturales de alto valor. ¡Hacía fresquito! Pero fuera, donde hacía un calor horrible, sin viento y con humedad extrema, les decía a las compañeras japonesas que había que concentrarse diciendo "¡atsukunai!", algo así como "¡no hace calor!"

Esta visita ha sido larga, porque el complejo de templos era grande. Aunque lo dicho, no dejaban hacer demasiadas fotos de Budas y demás cosas que había por ahí, como minisantuarios (shrine los llaman en inglés), interior de algunos edificios etc.

Terminado esto, nos hemos ido al autobús para volver a Kyoto, a la universidad. Las japonesas nos han propuesto ir a cenar a un sitio de sushi cercano, cosa que hemos aceptado gustosamente.
Pero como había algo de tiempo antes de ir a cenar, hemos visitado rápidamente un pequeño templo cercano al lugar. No encuentro su nombre por ningún lado ahora mismo, lo siento. Hemos encontrado a la entrada una señora mayor rezando, aunque se ha ido enseguida y hemos tenido vía libre para mirar con tranquilidad. Esto ya no era un lugar turístico y se notaba. De hecho, al llegar a la zona, alguno que estaba en la terraza de su casa ha salido a mirarnos con curiosidad.

El templo era un lugar recogido, más íntimo que los demás. No había nadie para recibirnos ni tampoco turistas (también era algo tarde).



He escuchado a Mariana hacer fotos con su mega-cámara. Le he comentado que sólo con escuchar el ruido que hace el objetivo al hacer la foto, da la sensación de la foto ha sido impresionante. Pero yo, con el dominio del idioma castellano que me caracteriza, digo algo así como: "menuda foto acabas de tener que hacer". En fin, un poco recargada la frase ¿no? Parece que no me sienta bien andar con tantos idiomas al mismo tiempo. No, en serio, estoy desempolvando mi inglés, hoy me he notado con mucha soltura. Y el japonés lo voy cogiendo poco a poco, ¡nos ayudan mucho las chicas!

Como teníamos que volver a la universidad porque habíamos quedado con las japonesas para cenar, tomamos el bus y volvemos. El sitio propuesto ha sido... ¡un restaurante de sushi! El comedor era muy curioso. Había una larga barra móvil que hacía un recorrido por todas las mesas, llevando platos y platos de sushi, alguna sopa, postres... cogías el que te parecía, menos los platos que estaban en un cuenco rojo que eran encargados. Esos encargos los hacías con una pantalla táctil junto a la mesa, y al rato pasaba delante de ti el plato. Hemos probado muchas combinaciones: con pulpo, gamba, verdura, con alga, sin alga... pero el que más me ha gustado ha sido el de atún crudo. Nunca había probado pescado crudo. No sé cómo será el resto, ¡pero este atún estaba buenísimo! ¡Quiero volver a probarlo otra vez! Ya me he quedado con la palabra de atún, se dice "maguro". ¡Os lo recomiendo! Era muy suave y tierno, se nota que se llevan el género bueno.

¡Ah! Además, en las mesas teníamos salsas típicas, de soja y wasabi entre ellas. Y no sólo eso. Uno de los recipientes contenía un polvo verde, que era té. Así que cuando querías, echabas un par de cucharadas, te llenabas tu vaso de agua caliente y ya tenías el té (teníamos grifo caliente en la mesa, pero para la fría había que levantarse).

Al final, una cosa curiosa. Debajo del grifo, podías meter los platos usados, que se usaban... ¡a modo de ficha para una especie de juego de lotería! No nos ha tocado nada, pero ha sido divertido.

Vista general del restaurante:



Aquí estamos cenando muy a gusto. El aparato que tenemos en la mesa y que parece un ordenador portátil mini, es una especie de diccionario multilengua informatizado, tremendamente útil. Los aparatos decentes cuestan a partir de 20000 yenes. Me estoy planteando comprar uno, pero estas cosas las dejaré para el final según disponibilidad de pasta.



Éste es el de atún, el que me gusta:



Ya terminada la cena (6 platos de sushi más postre y té, menos de 1000 yenes, ¡es el paraíso!), hemos vuelto al hotel. Algunos hemos ido a un supermercado al que no habíamos ido nunca. Tiene mucho más surtido que otros, es como sería un Mercadona o Eroski aquí. Quería sólo un poco de fruta... ¡pero los precios de la fruta se disparan! Enseguida, la bandeja de lo que sea costaba más de 1000 yenes. Así que me he conformado con unas rodajas de sandía, que sólo costaban 200.

Y aquí estoy, de vuelta en la habitación, con ganas de dormir. Aunque creo que me daré una buena ducha fresca, que aún no se me ha quitado el calor del día. ¡Hasta mañana!

PD: las fotos de ayer ya están puestas, ¡que las disfrutéis!