martes, 8 de julio de 2008

Visita a Osaka

Ahora sí, esta entrada es la buena. Como ya dice el título, el martes estaba programado acercarse a Osaka, una de las ciudades más conocidas e internacionales de Japón.

Del mismo modo que la excursión a Nara de la semana anterior, quedamos en la universidad para tomar el bus todos los estudiantes de intercambio y los asistentes que tenían tiempo. Alguno se volvió a quedar dormido, y se quedó sin excursión... ¡pobre, no sabe lo que se ha perdido!

El viaje de Kyoto a Osaka duró como hora y cuarto, aproximadamente. El límite de velocidad es bajo, de 80 km/h, así que hay que tomárselo con calma. Durante el trayecto, nunca sabes cuándo sales de Kyoto ni cuándo entras a Osaka. ¡Es una ciudad continua! Por ello, una gran proporción de las autopistas están "rodeadas" de paneles antisonoros, que a veces casi dejan la carretera que parece un túnel. Nada que ver con las vallitas que ponen en algún que otro lado de las carreteras de allí. Aquí los construyen a conciencia.

Bueno, hemos ido directamente al Castillo de Osaka, Osaka-jo. Resulta que es un complejo amplísimo de muros, fosos, torres... construido a finales del siglo XVI.



Aquí tenemos los alrededores del castillo... ¡un momento! ¡Pero esto me recuerda a la ciudadela de Pamplona! Jardín, foso, muro... tiene que haber más.



Primera diferencia: el foso tiene agua. Seguro que en tiempos de guerra ponían cocodrilos, como en las películas. La torre de ahí dispararía flechas también ¿no? ¡Al que le tocara invadir esta fortaleza ya se le empezarían a quitar las ganas!



Pero por suerte nosotros no tenemos que entrar por la fuerza. El acceso es libre hasta el mismísimo castillo central, como un parque público más. Detrás de donde estoy podría verse una pequeña cola. Ahí es donde ya se paga (aunque a nosotros nos entra dentro del programa, hay que aprovechar).



La fortaleza a vista de pájaro. Dentro del castillo no dejaban tomar muchas fotos, sobre todo a objetos históricos o de relevancia cultural. Pero una imagen desde el aire puede fotografiarse sin problemas. Si hacéis click sobre la imagen podréis verla en mayor tamaño.

Nosotros entramos por la Sakura Gate, o puerta del cerezo, y antes de entrar ahí por el camino de la derecha (bajo la etiqueta de Sakura Gate podréis ver la torre que he fotografiado antes).

¿A vosotros también se os quitarían las ganas de tener que invadir esto? A mí ya me da quebraderos de cabeza. ¡La cantidad de gente que necesitarían!



Entre armaduras, biombos, espadas, documentos, piezas viejas e historia en general también había algo divertido. Por 300 yenes te dejaban ponerte uno de esos cascos (de mentirijilla por supuesto) y sacarte una foto. No estaba por la labor de ponérmelo yo mismo, así que conformáos con las fotos de estos chavales rememorando las antiguas gestas de los samurai.

Me he quedado un buen rato observando las armaduras. Al fin y al cabo, los de kendo usan algo similar. Básicamente, se ha conservado lo mismo: casco, que en vez de rejilla metálica usaba máscara. Algunos cascos con pelo, y algunas máscaras con bigote y perilla, dándoles un aspecto más fiero. Protección para el torax, barriga y pantorrilla. A diferencia de la armadura de kendo de ahora, parecía que todo ello iba en una misma pieza (do y tare unidos, en término técnico). Aunque no lo puedo confirmar porque... mirar sí, pero tocar no nos dejaban tocar (¡ni sacar fotos!). Lo mismo para los guantes, del mismo estilo. Lo que no sabía es que el guardamanos de las espadas las habían importado de Europa.

¿Cómo supe esto? Sucede que unos cuantos fuimos muy cucos y nos dimos cuenta de que había un guía hablando en castellano. Así que no dudamos en hacernos los ingleses o alguna otra cosa para escuchar de gratis.

Entre otras cosas, parece ser que desde aquí se quiso planear la invasión de las Filipinas españolas. España debía tener sólo 5000 soldados allí, mientras que aquí tenían 200000 soldados (sí, doscientosmil) listos para salir y arrasar con lo que encontraran. No lo hicieron porque en aquel momento, las guerras civiles eran la norma.

Nos dieron tiempo limitado para verlo todo, así que llegamos arriba y en 5 minutos tuvimos que ver las vistas, sacar fotos y bajar rápidamente abajo del todo.

Podemos ver parte del tejado decorado, jardines circundantes y la ciudad de Osaka.

Parte del skyline de Osaka: aquí los edificios son en general más altos que en Kyoto. Si en Kyoto no hay ningún rascacielos (salvo la Kyoto Tower), aquí hay unos cuantos, pero hay como varios sectores. No está todo concentrado en una zona.
Como podéis ver la imagen no tiene mucha visibilidad. Y es que estaba jarreando, diluviando o como lo queráis llamar. ¡Llovía muchísimo!

De vuelta abajo, la lluvia era cada vez peor... pero comimos ahí mismo, en un restaurante que estaba tras la imagen (bueno, restaurante-tienda de souvenirs, como siempre). Nos sirvieron comida abundante, udon, sopa de miso, arroz y una especie de guisado con algo de carne. No es que estuviera delicioso, pero llenabas la tripa.
Lo más relevante que ha ocurrido durante la comida ha sido el encuentro inesperado con una persona. He tenido la típica reacción que se tiene cuando ves a alguien conocido en unas circunstancias que no son las habituales: mirada fija un largo rato, abrir la boca como un pez, fijarse más, hacerse una y otra vez la pregunta de ¿realmente es esa persona? hasta que al final todos los indicadores están en verde y te atreves a saludar.
Bueno, el caso es que he encontrado a un compañero de clase de japonés de Pamplona, llamado Samuel. ¡Coincidir en tiempo y espacio en Japón, qué fuerte! Va a estar trabajando un poco cerca de Kyoto. ¡Desde aquí te deseo lo mejor!
Después de comer, hemos tomado el bus de nuevo, a otra zona de Osaka (menos mal que la lluvia ha dado una tregua). En concreto, nos hemos acercado a una zona comercial de esas con tejabana, ya conocidas por todos si habéis seguido el blog un poco. Esta la llaman Nanba, al parecer.
Pensaba que sería algo parecido a lo de Kyoto o Nara, pero no... si dije que Kyoto está lleno de tragaperras... Osaka está A REBOSAR, en especial esta zona.

Aspecto general de Nanba. Parece normal, pero casi todo es juego: desde tragaperras a máquinas de gancho para coger regalos, está repleto.


Realmente casi todo es juego, pero no faltan los puestos de comida. Este se merece la foto sólo por el pedazo cartelón que se han currado. ¿Os había dicho que uno de los platos típicos de Osaka es el Takoyaki? Son bolas fritas rellenas de pulpo a la plancha, con salsa por encima. ¿Dónde podemos encontrar un puesto?
Ah, no ha habido que andar mucho, ¡aquí lo tenemos! Y dicen que en esta calle dan los mejores takoyaki de todo Osaka. ¡Qué ganas!

¡Marchando una ración de 8 bolas de takoyaki! De verdad, riquísimo. Aunque he de reconocer que mi primera experiencia ha sido desagradable, porque te las sirven ARDIENDO. Y yo que me metí una bola entera, y sin agua a mano, qué mal rato. Aunque conociendo eso, espero que cuando vosotros probéis el takoyaki tengáis más cuidado.
Terminado el paseo por Nanba, hemos ido a un restaurante (va a ser la tercera comida del día, vaya ritmo). Aquí nos van a enseñar a preparar Okonomiyaki. Podría decirse que el Okonomiyaki es una especie de pizza al estilo japonés, porque admite muchos tipos de ingredientes. Aunque como veréis tiene poco que ver con la pizza salvo en eso. Esperad que me pongo el gorro de cocinero, y un delantal no viene mal.

¡Vamos a empezar! Para una persona: 100 gr harina, 300 mL agua, 100 gr de repollo muy picado, 1 huevo, un poco de rábano rojo picado (tiene mucho sabor, no pasarse) y una cantidad parecida de algo parecido a los cereales de arroz inflado (no sabría decir qué era, pero el aspecto era parecido (podéis prescindir de esto si queréis, no aportaba demasiado).

Mezclar la harina con el agua, en tres etapas de 100 mL de agua cada una, mezclando cada vez. Hum, ¡parece que va a ser un bizcocho!



Pero no, después añadimos encima el repollo, el rábano rojo y los "rice crispies". Por último el huevo. No pasa nada si se os rompe, porque todo esto hay que mezclarlo bien. Todo esto forma la "masa" del okonomiyaki (como si fuera la base de la pizza).
¿Y qué le ponemos? En esta ocasión, han elegido gambas, calamar y bacon. Bueno, para gustos... podéis elegir casi cualquier cosa que se os ocurriera para una pizza normal, y ponerlo aquí.

Primero echamos lo justo de aceite en la plancha. Era tan poco que usábamos una especie de brocha para extenderlo. A continuación, y con la plancha templada, echamos parte (2/3) de la masa ahí. Encima ponemos los ingredientes de elección.

Una vez hecho eso echamos lo que queda de masa encima de todo. Poned fuego medio suave, ¿ok? Que es para largo y se os puede quemar lo de fuera sin haber cocinado los ingredientes de dentro.

Cuando se ha hecho un poco le damos la vuelta. Así varias veces, para que el calor llegue bien al interior sin quemar el exterior.



Para terminar añadimos salsa de okonomiyaki (difícil de encontrar por allí, seguramente), un poquito de mayonesa, y a falta de perejil echamos tiras de algas secas.
Y así tenemos un plato con fundamento, rico y para toda la familia.

Con esto ha terminado nuestro tour por Osaka. Hemos recibido una especie de diploma en el que se supone que dicen que sabemos preparar el okonomiyaki. Al menos sí creo que sé contar cómo se prepara. Y sabía muy rico. Lo malo será encontrar ingredientes de aquí una vez haya vuelto. Ya se nos ocurrirán ideas con las que preparar un okonomiyaki decente sin tener que buscar tienda por tienda ingredientes difíciles de encontrar.

Hemos vuelto a Kyoto de nuevo en bus. Desde la universidad hemos ido al hotel para darnos una ducha y salir a cenar poco después. Hemos quedado las asistentes, Alejandro (conocido por los arquitectos y dentro del mundo del kendo) y un servidor, para picar algo mientras los demás terminaban lo de Kyudo. Dicen que no van a poder tirar ni una sola flecha antes de irse, ¡qué pena! Por ahora siguen con una especie de tirachinas para acostumbrarse a las posturas que se toman.
Han vuelto de kyudo rápidamente, y hemos cenado enseguida y un poco de todo: brochetas de teriyaki entre otras cosas, pizza... y al parecer, servían una especie de judías con la cerveza. Según me explicaron lo toman con el alcohol.
Tras esta cena, nos hemos despedido y nos hemos ido al hotel. Lo malo es que ha tenido que ser a pata, porque ya eran las 23:10 (los autobuses dejan de funcionar a las 23). Bueno, hacía menos calor que otros días, no llovía y podíamos bajar la cena, así que no vino nada mal el paseo.
La entrada del miércoles 10 tendrá que esperar unas horas. Sé que mañana podré meter esta y la del jueves, así que no desesperéis. ¡A cuidarse!

lunes, 7 de julio de 2008

Hoy tomamos el té

Después de escribir la entrada larguísima de ayer, he dormido menos de lo necesario, y como arrastraba lo del fin de semana, hoy he decidido hacer una entrada más sencilla.
Hoy lunes, tocaba volver a clase. Nos ha tocado otra vez con Hiroshi, el otaku. No ha sido como el primer día (no ha habido papeo), pero sí que ha habido mucho comentario relativo al anime. De hecho, hemos seguido viendo parte del DVD que nos mostró el otro día (que personalmente lo titulo "Alcance del manga y anime a nivel mundial"). De todos modos, hemos dado de forma condensada muchas fórmulas de conversación que nos van a ser útiles, del tipo: estar interesado en, impresionarse por, parecerse a etc.
De nuevo, es un tanto difícil seguir su conversación, pero creo que esta vez he tenido menos problemas. Las preguntas que me ha hecho las he respondido sin problemas.
Al salir, de nuevo comida en la universidad. Todos juntos, en la misma mesa (lejos del agua, con la cantidad de agua que bebo tengo que levantarme alguna que otra vez y recorrer el comedor entero). Sinceramente, el plato de tenpura estaba bastante poco conseguido, poco crujiente y frío (mala suerte, supongo, la próxima pillaré el recién hecho).
¿Después qué ha sido? Ah, sí. Rápidamente hemos vuelto al edificio 9, donde teníamos una actividad programada: ceremonia del té (ocha sado). Resulta que había una salita con aspecto de habitación tradicional japonesa. Como éramos muchos, nos han dividido en dos grupos.

A mí me ha tocado primero esperar, mientras nos enseñaban a hacer una grulla de papel (origami o papiroflexia japonesa). Hemos estado entretenidos. Luego nos han hecho escribir algún deseo sobre una tira de papel, que colgaríamos en una planta de ramas largas.


La grulla.



La planta con deseos.

Terminado esto, hemos vuelto a la salita tradicional, donde nos han presentado el grupo de ceremonia de té. Eran chicas jóvenes y mayores ataviadas al modo tradicional, Yuri entre ellas (¡te sentaba de maravilla!).



La salita, con la jefa en el centro, antes de la ceremonia.


Primero nos han dado un dulce con sabor a oblea y textura gomosa. A mí personalmente me ha gustado. Este dulce se toma antes del té, al parecer. Posteriormente hemos visto cómo una de las chicas jóvenes ha efectuado la ceremonia.

Era muy bonito ver cómo todos y cada uno de sus movimientos los realizaba pausadamente, muy medidos, dando una atmósfera de paz y tranquilidad. Ha servido primero el té a la jefa, y después han entrado a la sala las compañeras para servirnos los tes a todos. Era uno de esos tes verdes turbios y con espuma. De sabor agradable, muy poco amargo. Dejaba un regusto muy bueno.



Siempre con reverencias.


En todo momento, cuando recibíamos algo de las "profes" debíamos agradecerlo con una reverencia. Y estar en postura de seiza todo el rato era muy cansino, la verdad.

Luego nos han dejado probar a "batir" nuestro propio té hasta sacar la espuma característica. A mí me estaba costando mucho, pero Anisa (la chica de intercambio de Indonesia), que se había metido en esta actividad más días, me ha dicho cómo debía hacerlo. Ha quedado algo aceptable al final, pero nada comparable con lo de Anisa. Y lo peor de todo, es que hemos tenido que pasar nuestro té a la persona de la derecha. O sea, que Anisa ha tenido que beber mi té mediocre y ella no ha podido tomar su té bien hecho.

Este es "mi" té. Nos han dado otro dulce, este ya no me ha gustado tanto.

Al terminar, hemos hecho los saludos correspondientes y nos hemos levantado. Yo tenía las piernas un tanto rígidas, así que he andado como he podido. Alguno apenas ha podido dar un paso.

Ha sido algo nuevo, y verlo en directo es toda una experiencia. Me hubiera gustado preguntar el por qué de todo, pero como empiece no paro. ¿Tal vez tenía que haberme apuntado al club de té?

A partir de ahora ya estábamos libres para visitar cosas. Hemos vuelto al Castillo de Nijo, pero parece que este lugar nos está vedado. La primera vez fue el martes pasado, día en el que estaba cerrado. Y hoy resulta que cerraban a las 4. Pues nada, visita fallida al Nijo-jo, segunda parte. ¿A la tercera irá la vencida?

De todas formas teníamos alternativas. Nos hemos acercado de nuevo al centro, a las calles comerciales de la zona de Kawaramachi. Ya hemos estado unas cuantas veces, pero nunca acabas de verlo del todo. Esta vez hemos empezado por una callejuela llena de productos de alimentación. He encontrado el dulce que nos han dado en la ceremonia del té, así que lo he pillado para darle un buen bocado. He echado mano de las vending para sacar bebidas, que tenía sed. Me ha dado por aventurarme con algo nuevo y me ha salido rana. Era una bebida que sabía a gominola de manzana, horrible. Aunque el chute de azúcar estaba garantizado.


Zona del mercado. Cerca de Kawaramachi.


Había de todo un poco: pescado, verdura, dulce, bebidas, flores... todo con música que parecía más bien de ascensor. Tranquilita, nada que ver con la bazofia de la música de los supermercados de allí, que encima suenan a caja.

Después, hemos vuelto a la calle principal de esa zona comercial, y hemos revisitado algunas tiendas. Pero no habíamos reparado en una tienda de figuritas. ¡Qué pedazo de tienda! Paraíso de coleccionistas (y sólo era una tienda corriente).

Había de un montón de cosas de Naruto, Dragon Ball, One Piece, Final Fantasy, Dr. Slump, Mario, Astro Boy, Star Wars y muchos más. Había figuras que representaban escenas del anime de Dragon Ball, ¡muchísimas! Había Scouters también (quienes hayan seguido Dragon Ball sabrán de qué hablo). Igual me pillo uno, siempre me han gustado esos aparatos. Lo único que faltaba era una bola de dragón, aunque no he preguntado si habían. Lo que sí he preguntado era si había algo de Mega Man, pero no tenían (tranquilos que sé que en Japón lo llaman Rokkuman). Tenían también algunas camisetas bastante majas.


Artículos Dragon Ball: scouter, cola de Saiya-jin, muñequeras de Goku y bastón mágico (aunque este dudo que sea de tamaño normal, la cajita es pequeña.


Batalla épica.


Quiz: ¿alguien se acuerda de qué escena de Dragon Ball es esto?


Aquí tenemos a los de One Piece. Y detrás está Naruto en una caja.


Muestra de escenas de Dragon Ball.


¡Llaveros y figuras de Mario y compañía!

Lo único que... estas figuritas eran más bien caras... aunque como he dicho, con el Scouter soy feliz. Y si encuentro algo de Mega Man también, aunque tendrá que ser en otra tienda.

Por cierto, los mexicanos estuvieron en el museo del manga. Lo poco que me han contado era que parecía una biblioteca de manga, había mucha gente leyendo. Según me han dicho había también manga en español, aunque no mucho.

De aquí hemos vuelto al hotel, a juntarnos con la gente. Algunas se han ido a unos baños públicos para probar eso del baño japonés, pero otros nos hemos ido a cenar a un sitio cercano. Esto... váis a flipar con lo que hemos cenado.

El sitio era uno típico de los que se encuentran por aquí: no hay mesas, se come en la barra. Tenía una imagen de un plato que parecía la estrella del lugar: una especie de hamburguesa con salsa de tomate y un huevo semicocido al lado. Bien, y encima es barato: 580 yenes. Adelante entonces.

Pero qué sorpresa nos llevamos cuando el camarero nos empieza a servir arroz. Ah, vale, típico. Luego una ensalada. Hala, pero, ¿está incluido? Parece que sí. Y para rematar, sopa de miso. ¡Nos hemos puesto las botas! Y claro, agua gratis.

En un sitio que yo me sé esto no lo encuentras por menos de 12 euros. ¡Y aquí por 3,5! Creo que voy a hacer la de no comer durante un año y venir aquí para atiborrarme.
Aquí está la pedazo cena:



Y por hoy esto es todo, mañana tenemos visita a Osaka desde tempranito. Creo que nos van a dejar preparar Okonomiyaki, un plato típico de la zona. ¡A ver qué tal nos lo pasamos!

domingo, 6 de julio de 2008

Entrada doble: fin de semana en Kyoto

El sábado fue un día bastante denso, así que no pude añadir la entrada. ¡Ya habéis podido ver que la agenda es apretada! Preparáos porque es LAAAAAAARGA.

Quedamos para salir a las 10 desde el hotel, en dirección hacia Fushimi Inari. ¿Y qué es Fushimi Inari? Es un santuario conocido por poseer cientos, si no miles de tooris. Si te pones a contarlos te pierdes. Los tooris representan el paso del mundo terrenal al mundo trascendente.

Quedamos con Kuni y Yuri en el mismo hotel, Miho se nos uniría en la estación de tren. Tomamos el metro-tren hasta allí (es como el topo, dentro de la ciudad va bajo tierra, luego ya sube a la superficie). Lo primero es mirar lo que te cuesta el billete hasta tu destino (según distancia varía), y luego atiendes a las máquinas. Te venden el ticket automáticamente; metes el importe (da cambios) y seleccionas el ticket que quieres. Algunas máquinas tienen una pantallita un tanto cutre en la que aparecen unos dibujos de una señorita inclinándose y agradeciéndote que compraras el billete. Pues eso, lo mismo que en muchos sitios esto de la venta del billete, con los giros característicos que encuentras por Japón.

Miho nos vio enseguida, y juntos tomamos el tren hacia Fushimi Inari.



¡Ya estamos todos!

Desde la estación, tenemos que recorrer unas callejuelas hasta el santuario. Hay mucho souvenir y puestos con comida. Los souvenirs más propios de la zona son tooris de diferentes tamaños y zorros (kitsune, que son aquí y en muchos sitios de Japón motivo de veneración). Con el Festival de Gion al caer, también abundan los manekineko y los daruma, que ya comenté en la entrada anterior.



Un puesto de comida, entre muchos.



El sábado, algunos colegiales tienen clase, pero otros tienen suerte y se vienen a ver el santuario.



El sol estaba casi vertical. ¡Mirad lo corta que es mi sombra!



Antes de entrar, ¡a purificarse! En casi todos los templos lo encuentras. Hay carteles explicativos de cómo hay que proceder con los cazos y el agua.



Y aquí la entrada al santuario. Imponente, con zorros custodiándola. Dentro hay muchos más.

Una vez dentro hemos podido ver algunos rituales de exorcismo y purificación, que tras consultar con Kuni he decidido no fotografiar por respeto. Pero era curioso ver la danza de una mujer al son de unos tambores y una flauta. Sostenía una especie de cascabel múltiple en la mano, que hacía sonar de vez en cuando, siempre en consonancia con la música, de ritmo pausado. Nos hemos quedado un buen rato observándolo, pues el evento envolvía todo con una atmósfera mística hipnotizante.

Adentrándonos en el santuario, hemos llegado a la zona de los muchísimos tooris seguidos. Se introducían de lleno en el bosque, lo que era genial pues bajaba la temperatura muchísimo y se estaba a gusto.



Entrada a la zona. Las "vallas" con cinta roja y blanca no es que estuvieran de obras (que sí que estaba reformándose un edificio, pero no tiene nada que ver), sino que durante el Festival de Gion lo usan para colgar luces e iluminar durante la noche. Comentamos que sería mejor un color más discreto, pero bueno, como sabéis aquí no es que haya mucha sobriedad en el diseño. Aunque no sigo, porque para gustos, los colores.

El camino lleva hasta casi lo alto de una montaña, y en algunos sitios hay muchos toori juntos.



Más kitsune. Todos los de este templo tienen una mirada fiera.



Túnel de toori.

A media altura había una zona de (más) souvenirs. Y entre eso, había uno de esos objetos cargados de superstición que se encuentran en Japón. Muchísimos souvenirs son como amuletos para conseguir deseos del tipo salud, seguridad, riqueza etc. Este objeto era algo parecido:



Como nos han explicado los asistentes, se supone que debes formular un deseo y levantar la piedra con forma de huevo. Si te parece ligera, ese deseo se cumplirá, si no, te fastidias. Así que ya estáis haciendo pesas antes de venir aquí. Personalmente, me pareció ligera, ¿será que estoy fuerte o que se cumplirá mi deseo? El tiempo lo dirá.

Seguimos hacia adelante. Entramos en una zona que parece casi abandonada, porque en medio del bosque hay pequeños altares. No sé si dije en su momento que los bichos aquí son grandes... vimos una avispa inmensa, ¡nunca había visto algo semejante! Diría que era casi como un dedo gordo. Huímos del bicho como pudimos. Supongo que sólo estaba curioseando, pero imponía... ¡y mucho!



Altares del bosque.

Enseguida llegamos a otra zona de souvenirs, frente a un estanque lleno de carpas, zapateros y alguna que otra tortuga pequeña.



Aquí ya decidimos que teníamos que darnos la vuelta, pues se nos hacía tarde para la siguiente visita, y había que comer antes. Me hubiera gustado ir hasta arriba. Compramos una botella de algún bebedizo en la máquina expendedora y nos volvimos abajo. Por cierto, aquí era especialmente cara la bebida, por eso del lugar.

Una vez abajo, comimos en frente de la estación de tren. Tardaron un poquito en servir, pero el plato de spaghetti que pedimos unos cuantos nos sentó de maravilla. ¡Con cuchara y tenedor! Había que dar ejemplo de como se usan estas cosas, así que con mucha delicadeza usamos ambos cubiertos para enrollar la pasta.

La siguiente parada, el Kiyomizu-dera, del que ya hablé en una de mis primeras entradas. De camino tuvimos que parar un momento en un puesto con granizados y refrigerios varios, porque el calor apretaba. Probamos una especie de hielo picado sobre el que se echaba un sirope de sabor. Probamos el de té verde y fresa. El primero estaba rico, aunque el segundo era demasiado dulce (como ya dije, si en Japón algo es dulce, es MUY dulce). Además, aprovechar el aire acondicionado no tiene precio.



Ya allí, vimos que estaba plagado de gente, aunque conseguí una instantánea con muy poca gente, no sé ni como:



Aquí ya no había bosque de por medio, sólo alrededor, así que la temperatura era muy cálida. Hay muchos pabellones. El principal está sobre unos andamios de madera antiguos, pero gruesos y resistentes (más les vale).

Las fotos que he sacado de cara al este no merecen mucho la pena, porque el sol se las carga. La única foto pasable hacia el este sería esta en la que se ve un poco la ciudad detrás del bosque:


Tal vez podáis ver la Torre de Kyoto, que está junto a la estación de tren.

Bajando junto a los andamios, llegamos a otro lugar donde purificarse:



Había una buena cola.

Ya de aquí salimos del complejo, hacia las calles que lo rodean. Llenas de gente, de tiendas de souvenirs y de puestos de comida. Es la tónica de estas zonas turísticas. Nos paramos en un puesto de helados y otras cosas, donde Miho y Yuri pidieron un helado de Soja. Un sabor curioso. Miho tuvo la feliz idea de salir fuera, con lo que el helado empezó a derretírsele ipso facto y tuvo que pelearse con él un rato hasta terminarlo.

Las calles estaban abarrotadas:



En muchos sitios ponen a la entrada una representación de la comida que encontrarás dentro. Supongo que son de plástico, pero están muy conseguidos y son fieles al producto. ¡A los que no dominamos el japonés nos viene genial a la hora de elegir el plato! Muchas cartas tienen imágenes, cosa que agradezco mucho.

Bajando, vimos unas geishas (falsas) en un carro, tirado por un tío. ¡Vaya hacha! Con el calor que hacía y tirando carros. Desde aquí mi más sincero reconocimiento. No tengo yo la foto porque mi móvil no tiene zoom (no era plan acercarse a 2 metros). Pero saqué alguna imagen yo mismo con otra cámara (con zoom), sólo tengo que pedírselas a un compañero. Se fueron enseguida, así que una foto ya fue bastante.

Y casi abajo, al volver a la zona urbana de Kyoto... ¡un guardia civil!



¿Os he asustado? Ya me ha pasado más de una vez, que me he sorprendido por el color del uniforme que llevan. De lejos dan el pego. Los funcionarios que se ven en Kyoto llevan indumentarias muy variadas, aún no sé cuál es la función de cada uno. Lo que sí he visto es que la mayoría son gente mayor, en el límite de edad de trabajo. Supongo que tiene que ver con el respeto que se tiene a la gente de edad avanzada.

De vuelta a la zona urbana de Kyoto, teníamos que volver al hotel. Ya va siendo hora de lavar la ropa, que con lo que se suda aquí, las camisetas no duran ni dos días. No muy lejos del hotel hay una lavandería que funciona con monedas, así que fuimos ahí.

Las mismas lavadoras te lavan y te secan. 1000 yenes es el programa completo a tope de carga (hay opción de menos carga, que cuestan 900 y 800 yenes). Además existe la opción de sólo lavar o sólo secar.

Mientras se lavaban las cosas, hemos ido a cenar. Queríamos ir cerca del hotel, para volver en cuanto terminara la lavadora, pero Kuni quería que fuéramos con él a ver a un amigo en la zona centro, donde iríamos a cenar. Cuando ya estamos a poco de llegar, el amigo dice que tiene que irse, así que nos hemos acercado al centro para nada. Al menos, el sitio al que nos ha llevado Kuni estaba muy bien.

Hemos cenado rápidamente y hemos vuelto a la lavandería (algunos estaban nerviosos con eso de que estaba la ropa ahí sola). Eran casi las 11, la última hora de autobuses. De chiripa hemos pillado el último y hemos llegado hasta las lavadoras. La ropa sana y salva, por supuesto.

Aunque personalmente no me ha gustado nada el resultado. El secado ha sido deficiente, y lo que es peor, mis camisetas huelen a sudor como si no se hubieran lavado. Voy a tener que dejarlas en el hotel, aunque me cueste más, o aventurarme con otra lavandería, ya veremos.

Es sábado, tocaba irse por ahí. Rosario (una de nuestras compañeras de Salamanca), esperaba a un amigo suyo, Takao. Él ha sido el encargado de guiarnos por Kyoto.

Hemos tomado un taxi hasta el centro, lo que nos ha costado unos 1300 yenes en total. No es carísimo, si vamos varios, claro.

Hemos entrado a una zona de juegos. ¡Menudo sitio! Teníamos de todo: bolos, billar, dardos, recreativas, karaoke y más cosas.

Lo primero ha sido echar unos bolos. ¡Tenía ganas, hacía tiempo que no jugaba! Con alguna que otra cerveza encima, mi nivel ha sido más bien mediocre, pero nos lo hemos pasado muy bien. Takao es un fenómeno y ha superado los 200 puntos en la segunda partida.



Ha sido curioso cómo en cierto momento (no miré la hora, pero tal vez eran casi las 2), uno de los dependientes del lugar, ha cambiado las luces, en plan discoteca, ha puesto música rollo tecno cañero y se ha puesto a decir un montón de cosas he entendido a medias. Creo que quería conseguir que todas las calles de bolos tiraran a la vez, o eso me ha parecido.



¡Uh! ¿De verdad esto es una bolera?

En cuanto hemos hecho esa tirada múltiple, todo ha vuelto a la normalidad. ¡Ha sido como un lapsus de 3 minutos!

Después, nos ha dado por diversificar. La mayoría se ha decantado por los dardos, mientras que a Miguel y a mí nos ha dado por el billar. No sé si era por el cansancio, la cerveza o simplemente por ser unos paquetes, ¡pero nos ha costado hacer las dos partidas una eternidad!



Pero en serio, Miguel es un profesional en esto del billar.

Mirad, contemplad la recreativa que hemos encontrado: ¡una de tambores! Es como el Guitar Hero pero con tambores ¿Y sabéis qué canciones tenía? ¡Muchas de anime japonés!



Tengo los vídeos de la partida entre Efra y Miguel. Suenan las canciones de Cha-la-Head-Cha-la (Dragon Ball Z), la primera intro de Doraemon, y la última intro de One Piece. Por 100 yenes echabas 3 partidas, ¡un lujo!

Si queréis los vídeos me comentáis y os los envío sin falta.

Para terminar, hemos ido a una máquina muy japonesa. ¡Una fotomatón gigante con editor de fotografías! En todo momento, sonaba una musiquita electrónica cañera, y una voz chillona de estas que ponen las chicas para estas cosas, dándote indicaciones. Hemos pasado muy buen rato sacándonos algunas fotos de grupo poniendo caretos graciosos, y luego editándolas para quitarnos lo poco de dignidad que nos pudiera quedar.



¿Qué hay dentro?



¡Esto!



Editando las fotos, ¡hay muchas opciones!

Hemos explorado un momentín las salas que había por ahí: no sólo había karaoke, sino que también había salas con teles grandes para ver pelis (como hacerlo en tu casa) y mesas con juegos raros de compatibilidad entre parejas y cosas de esas.

Y sin darnos cuenta, se nos ha hecho de día. A las 5 ya casi se veían los rayos de sol:





Las calles están casi vacías, ¡algo insólito! Eso sí, los taxis no paran.

Estábamos con hambre, así que nos ha dado por tomar un desayuno... ¡en un McDonald's! Resulta que aquí abren 24h. No es que tuvieran mucho surtido, pero el zumo de naranja y el pastel de manzana nos ha sentado la mar de bien (aunque el aceite estaba recicladísimo, porque el pastel sabía a patata por fuera).

Los autobuses no empezaban hasta las 7, así que para volver al hotel nos hemos ido al tren, que sale más barato que el taxi (150 yenes). Hemos vuelto con muchas ganas de echarnos a descansar.

El domingo ha empezado para nosotros a las 14:30, cuando hemos salido a comer cerquita una de esas bandejas con un poco de todo:



No hemos perdido mucho tiempo comiendo, porque queríamos visitar el templo Sanjusangendo (y este tipo de sitios cierran a las 17h). De hecho, hemos llegado con muy poco tiempo para verlo. No dejaban hacer fotos del interior, pero bueno, aunque sea os remito a una imagen de la wikipedia para haceros una idea:

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/c/ca/Sanjusangendo_statues_kyoto.JPG

Que quede claro que esta foto no la he hecho yo.

Había muchísimas estatuas de Kannon (1000), todas con el mismo esquema: muchos brazos, en posición de meditación... pero no eran réplicas: la cara, la orientación de los brazos etc. cambiaba ligeramente. Delante de ellos había estatuas de deidades budistas. ¡Daba la sensación de que iban a moverse de un momento a otro! Muchas tenían expresión fiera, al contrario que los Kannon. En el centro del recinto había una estatua grande de buda, flanqueado por otras deidades armadas. De verdad, nos hubiera gustado poder estar más tiempo aquí, pero a las 17h han hecho sonar un bong varias veces en señal de que cerraban. Me gustaría volver y leer todas las explicaciones, pero la entrada era de las más caras que he visto hasta ahora (600 yenes).

De ahí, hemos salido hacia la estación de tren de Kyoto, uno de los edificios más modernos de la ciudad. Parece casi un aeropuerto. De hecho, es más grande que muchos aeropuertos. En la entrada nos encontramos con Atom (Astro boy). Resulta que están con algún tipo de exposición de personajes de manga de Kyoto:





Esto es grande.



¡Y alto!



Aunque en frente hay algo más alto.



Pero nosotros tenemos jardín en la cima. Happy terrace la llaman.

Entretanto, Kuni se ha acercado y nos ha guiado a un megastore de electrónica. Con lo tarde que es y nos llevan a este sitio ahora. ¡Podríamos estar aquí años! Efra ha ido a mirar precios de los diccionarios electrónicos. Ya los hemos usado y hemos visto que son muy prácticos.



¡No os perdáis!

Televisiones, cámaras, videojuegos y demás trastos alimentados por electricidad, ¡venid a mí! El repertorio era variadísimo. Kuni se ha entretenido tocando alguno de los pianos que había. Nosotros hemos estado embobados un largo rato con los videojuegos y DVDs de anime que había por ahí. Los DVDs eran caros, la verdad, aunque los juegos de la Wii por ejemplo eran baratos, menos de 7000 yenes la mayoría. Lo mismo ocurría con los de la Play. Los de la XBox360 eran más carillos, rondando los 8000.

Había más cachivaches para las consolas como no había visto nunca. Había consolas viejas de exposición, las míticas Famicom y Superfamicom, entre otras.



Las ranas alienígenas que vienen a invadirnos en DVD.



La colección definitiva de Dragon Ball.



Un poster enmarcado de Dragon Ball y One Piece. Ya me gustaría tenerlo.

Tengo muchas más fotos de esto, un vídeo también. Miguel también tiene, a ver si le pregunto la dirección de su blog que él también hace algo como esto.

Se nos ha pasado el tiempo volando. Hemos salido y nos hemos encontrado que era de noche. Y claro, cambia el panorama:



Antes de volver al hotel, nos hemos acercado al hall donde estaban las figuras del anime de Kyoto. Estaba casi todo cerrado, pero mi foto con Atom no me la quita nadie:





Mirad lo que ha dado de sí el anime de esta ciudad. Es antiguo, pero ha creado precedente, ¿o no?

Al salir de aquí, hemos tomado rápidamente el bus que nos llevaba de vuelta al hotel. ¡Apenas hemos podido despedirnos de Kuni! ごめんなさい、くにさん! ¡Perdona, Kuni!

Como no habíamos descansado mucho, nos ha dado por quedarnos en la habitación a picar algo antes de dormir. Ya va siendo hora de despedir este fin de semana, que ha cundido bastante, ¿verdad?

¡Hasta la próxima! Que tengáis un buen comienzo de semana.